sábado, 21 de agosto de 2010

Elegir mi paisaje





















Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables,
mi paisaje de otoño desolado,
elegiría, robaría esta calle
que es anterior a mí y a todos.

Ella devuelve mi mirada inservible,
la de hace apenas quince o veinte años
cuando la casa verde envenenaba el cielo.

Por eso es cruel dejarla recién atardecida
con tantos balcones como nidos a solas
y tantos pasos como nunca esperados.

Aquí estarán siempre,
aquí, los enemigos,
los espías aleves de la soledad,
las piernas de mujer
que arrastran a mis ojos lejos
de la ecuación de dos incógnitas.

Aquí hay pájaros,
lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas
y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.

Sin embargo existe también el pasado
con sus súbitas rosas y modestos escándalos
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera
y su insignificante comezón de recuerdos.

Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegiría, robaría esta calle,
esta calle recién atardecida
en la que encarnizadamente
revivo y de la que sé con estricta nostalgia
el número y el nombre de sus setenta árboles.

Mario Benedetti

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